Tres principios para la Gran Transición: Coherencia, gobernanza y justicia

La pandemia ha ayudado a evidenciar la necesidad de una transición ecológica inaplazable. El programa europeo Next Generation UE dibuja una hoja de ruta que hace de la transición ecológica la columna vertebral de la recuperación: 750.000 millones de euros focalizados en la modernización económica -entendida ésta como transición verde y digitalización- pueden dar mucho de sí. Al mismo tiempo, en España, se está acabando de elaborar el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y está en periodo de tramitación la Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Todo esto constituye un programa de inversiones de primera magnitud y toda una oportunidad para la Gran Transición que hay por delante.

Para que estas herramientas desplieguen todo su potencial es fundamental que, además de debatir “qué se hace”, se preste atención al “cómo”. Tres principios irrenunciables deberían guiar este impulso: la coherencia de políticas, la buena gobernanza, y la transición justa.

En cuanto a la primera, si bien hasta ahora los temas ambientales habían sido considerados muy a menudo cuestiones sectoriales que ocupaban su correspondiente ministerio -aunque en ocasiones ni siquiera eso-, y un apartado en los presupuestos, el tipo de proyectos que habrá que presentar a Europa para recibir la correspondiente financiación va a obligar a considerar la transición ecológica como algo transversal. Ningún sector económico, territorio, ni actor político, económico o social van a poder quedar al margen. Esto supone alinear todas las políticas públicas con los principios de la sostenibilidad tanto en administraciones locales, regionales y nacionales, como en las relaciones que éstas tengan con terceros. La Gran Transición no se hará con “cláusulas ambientales” en los contratos públicos; sino que obligará a reverdecer el conjunto de estas contrataciones. No sé conseguirá con departamentos de medio ambiente en ciudades o comunidades autónomas, sino que necesitará impregnar y contaminar de principios de sostenibilidad al conjunto de las políticas de un municipio o de una comunidad autónoma. Coherencia de políticas, por tanto, a todos los niveles.

El segundo de esos principios es la búsqueda de una buena gobernanza tanto en la planificación como en la implementación y evaluación de las políticas públicas. Un cambio de las dimensiones que se plantea, en un momento de incertidumbre y crisis como el que se está viviendo en el conjunto de Europa, no será posible si no se hace mediante procesos de participación y deliberación del conjunto de la ciudadanía. La propia Unión Europea así lo ha entendido y ha puesto en marcha la Conferencia sobre el futuro de Europa con un planteamiento amplio de participación. Por otro lado, experiencias como las asambleas ciudadanas por el clima que están celebrándose en otros países de nuestro entorno, o iniciativas de deliberación para implementar medidas concretas, deben ser impulsadas, estudiadas, evaluadas y mejoradas de manera continua para conseguir la confianza y la adhesión de la ciudadanía a una transición que, para tener éxito, necesita transformar nuestras vidas. En este sentido, la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, puede ser una buena oportunidad para blindar esta apuesta por la buena gobernanza.

Finalmente, y no por eso menos importante, Justicia. Todas las transiciones dejan perdedores en el camino, y esta, si no se hace nada para evitarlo, no va a ser distinta. Sin embargo, dado que el fenómeno es conocido y ya se han experimentado los primeros problemas en movilizaciones como las de los chalecos amarillos en Francia, es preciso poner todos los medios para ayudar de forma especial a aquellos sectores y territorios que más van a sufrir en la Transición. En el caso de las comarcas mineras esto se ha empezado a hacer con la Estrategia de Transición Justa aprobada recientemente. Es imprescindible continuar en esta línea y avanzar en su eficacia en éste y otros sectores.

El desafío es enorme y nos jugamos demasiado, pero por vez primera parece que existe ya la disposición y algunos medios para acelerar y hacer más ambiciosa la transición ecológica hasta el punto de que podamos nombrarla como la Gran Transición.

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