Plataforma tecnológica de nueva generación para la comunicación directa y permanente entre los ciudadanos y sus representantes políticos electos

La democracia debe estar a la altura de las circunstancias, ya que si no perdería la batalla a favor de las propuestas autocráticas que condicionan la salida de la crisis al sacrificio del grado de libertad actual de los ciudadanos a cambio de unas condiciones de seguridad mayores en todas sus vertientes, también en la sanitaria.

Las condiciones de vida actuales, como consecuencia de la pandemia, han provocado la ruptura total de la comunicación entre los ciudadanos y sus representantes políticos en las instituciones locales, provinciales, autonómicas y nacional, también con los eurodiputados.

Los ejecutivos están gestionando al margen de los ciudadanos que, directa o indirectamente, les han elegido, y estos consideran que se está confirmando la desaparicíón de su voz en el debate nacional, y también en el autonómico, en un momento crucial para poner los cimientos de la sociedad postCovid que deberá ser sostenible, esto es, basada en un equilibrio armónico entre la especie humana y la técnica, con la naturaleza.

Es imprescindible crear lo antes posible un puente de comunicación entre los ciudadanos y los políticos electos implementado en una plataforma digital de nueva generación, exclusiva, sin asaltos, ni troleos, ni robots y con segmentación territorial inteligente, de manera que sirva de cauce up and bottom para avanzar y aggiornar la democracia representativa liberal al siglo XXI.

Si la democracia perdiera los lastres que viene arrastrando desde hace tiempo, la economía social de mercado encontraría mejores condiciones objetivas para todos sus actores y un nuevo estado del bienestar que contemplara posicionar a las nuevas tecnologías en beneficio de la mayoría de los ciudadanos, mediante una gobernanza que estableciera unas reglas de juego sanas y transparentes, que permitiera el avance en las potencialidades cognitivas del ser humano y el aparcamiento definitivo de una hoja de ruta imperante en la sociedad preCovid que podía conducirnos al transhumanismo a medio y largo plazos.

Este proyecto debería ser independiente y neutral, consecuencia de un partenariado público- privado y convertirse en un modelo internacionalizable, siguiendo las pautas de los emprendimientos más exitosos en un país puntero como los EE.UU. La Universidad, a través de sus departamentos de I+D+i, debería sumarse a un proyecto de este tipo para la incorporación de nuevas tecnologías, propias o integradas, que garantizaran su competitividad en este terreno.
Para que fuera operativo, sería necesario que contemplara la realidad generacional de la sociedad española y sus correspondientes formatos más habituales de comunicación de cada uno de sus targets, singularmente el de los millennials, para los que la gamificación representa uno de los más empleados por ellos.

Finalmente, el proyecto contemplaría otra plataforma para la formación de los jóvenes en materia política, conceptuada como el instrumento del que se dota una sociedad para su organización. Sin política, volveríamos a la selva.

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