En los últimos meses los jóvenes han protagonizado portadas con algunos titulares que les describen como “irresponsables”, “inmaduros” o “poco comprometidos”. Este encuadre, como denominó el científico cognitivo Lakoff a la relación de los procesos mentales con el lenguaje, es similar al que los enmarcaba como “ninis” en el comienzo de la crisis. Además de olvidarse de la falta de recursos sanitarios o de empleo no generado por las malas gestiones que provocaron una crisis, estos epítetos obvian la gran capacidad transformadora de los jóvenes.

Los jóvenes son la Next Generation
Estos arquitectos del nuevo mundo que deja el coronavirus y que pone la sostenibilidad en el centro del desarrollo son el presente y el futuro de los fondos europeos. Si sale bien, se beneficiarán. Si no, lo pagarán entre ellos y los siguientes (y probablemente los siguientes).

Los jóvenes son la Next Generation que necesita beneficiarse del Plan de Recuperación, recuperándose también: sostenibilidad de la salud mental y física, sostenibilidad laboral y en la formación y sostenibilidad en el acceso a la vivienda. Estos son los grandes desafíos de la juventud solidaria que dona, se moviliza, organiza y reparte recolectas para los vulnerables además de cuidar a pequeños y mayores y prestar sus habitaciones a los sanitarios cuando el escenario se pone feo.

Parte de estos retos están incluidos en los planes de financiación de las ayudas europeas, como anunciaba la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Teresa Ribera afirmó que el Plan de Recuperación de Europa está pensado para la siguiente generación, la de los jóvenes. En esta línea, los primeros 9.000 millones de euros incluyen partidas específicas para esta parte de la sociedad en la que un 32% de la población entre 20 y 29 años está en exclusión social o riesgo de pobreza, como indica el informe “Juventud en España” de INJUVE.

La digitalización, la formación, profesionalizar la FP, la educación o el acceso a la vivienda son algunas de las materias que, sumadas a los proyectos que promueven la transición ecológica verde y la igualdad suponen el 13 % del total.

“El hombre es el reflejo del ambiente donde vive”
Esos mismos “ninis” que pasaron a la acción y alzaron sus voces reclamando transparencia a las instituciones y una ruptura al bipartidismo que consiguieron, hoy apoyan y pasan el relevo a los más jóvenes en las movilizaciones climáticas. Con su papel activo en la lucha contra el cambio climático nos recuerdan que no hay tiempo y exigen la eficiencia de estos fondos para conseguir un planeta limpio a los gobiernos, empresas e instituciones. ¿Quiénes son ahora los “irresponsables”, “inmaduros” o “poco comprometidos”? No. Esta vez no va de bandos. Las condiciones climáticas tienen efectos en todas las sociedades humanas. Aristóteles e Hipócrates ya escribieron al respecto. Unas enseñanzas que dio forma Montesquieu con la idea de que “el hombre es el reflejo del ambiente donde vive”.

Nos enfrentamos al desafío de encontrar una nueva forma de vida sin amenazas que alteren drásticamente al medioambiente y todas y todos nos necesitamos. Se trata de mitigar esta crisis climática con una alianza intergeneracional que integre a todos los agentes activos de la sociedad para salvar parte del mundo que nos queda. Respirar aire de calidad depende también de la gestión sostenible de los fondos europeos que, si llegan de forma correcta, recibiremos de Europa hasta el año 2026.

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