La luz verde de Europa al Plan de Recuperación español con la llegada de los 9.000 primeros millones de euros ha devuelto la esperanza a muchas personas afectadas por la irrupción de la pandemia. El coronavirus ha cambiado el mundo con una transformación profunda en el plano económico y social. También en lo cotidiano. Ahora se usan las tarjetas como modo de pago, se ahorra más y se fuma y bebe menos y el deporte se practica en la calle. También las ventas por internet se han disparado, se adoptan más animales, compramos menos viviendas y trabajamos más desde casa. Con más noes que mases y pese a los progresos en materia de género, las mujeres se llevan la peor parte del impacto de la Covid-19: desde la precariedad laboral a la violencia de género. Un informe elaborado por la consultora PwC destaca el efecto devastador que ha tenido la pandemia en la economía y empleo y señala que en el caso de las mujeres se ha acentuado. El Índice General de PwC, que mide esta evolución, ha caído por debajo de los niveles de 2017. Si entonces estaba en 62,4 puntos, en los dos últimos años ha descendido más de dos puntos.

Lo mismo ocurre ante cualquier catástrofe. Las mujeres suelen llevarse la peor parte. Lo estamos viendo con las mujeres afganas: sin muchos derechos, con una esperanza de vida de 66 años y según informa ONU Mujeres, con la denuncia de casi la mitad de ellas por violencia física y/o sexual entre los 15 y 49 años: “los impactos de las crisis nunca son neutrales en cuanto a género se refiere”. A este dato le añaden que las mujeres sin recursos y marginadas enfrentan un riesgo aún mayor de transmisión de Covid-19 y muertes, pérdida de sus medios de vida y aumento de la violencia”. Además, afirman que el 70% de empleos relacionados con la salud y personal de emergencia son mujeres a pesar de que, con un 28% en el sector de la salud, la brecha salarial de género es mayor que la brecha general de género. Menos del 50% de las mujeres del mundo están en el mercado laboral. Según el estudio Diversidad de género y formación elaborado por BBVA Research, en España “más del 50% de los trabajos que tienen las mujeres se concentran en cuatro sectores: comercio, hostelería, educación y servicios sanitarios y sociales”. El sector más golpeado ha sido el de los cuidados, una paradoja al tratarse de trabajos que requieren estar en la primera línea de batalla contra el virus. A la precariedad laboral, la brecha salarial y el paro femenino hay que añadirle la violencia de género. El año de la pandemia ha registrado un incremento histórico de llamadas registradas al servicio de información de violencia de género.

La igualdad de género afecta directamente a toda la población mundial formada por más de 7.900 millones de personas. De ahí que las políticas de género, aunque no sean suficientes, son una prioridad para muchos gobiernos e instituciones internacionales. En España, el cuarto eje del Plan de Recuperación que determina el nuevo paradigma sostenible se centra en la igualdad de género: “un eje vertebrador del Plan de recuperación” según la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño. Estas medidas transversales incluyen aumentar la tasa de empleo femenino, reforzar el sistema de cuidados de larga duración y elevar el potencial educativo. Además, se están aprobando planes que incluyan la igualdad de oportunidades. Estas soluciones pretenden acabar con la brecha de género y reducir las consecuencias que ha provocado el coronavirus en las mujeres con la reversión de los datos de crecimiento de empleo. El Gobierno, las administraciones públicas, el sector privado y la sociedad civil tienen la oportunidad de revertir este desequilibrio. Visibilizar a las mujeres que sostienen la vida con los cuidados y potenciar el talento femenino, son las salidas hacia la meta del crecimiento económico a través de proyectos integrados en el Plan de Recuperación.

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